Muchos padres están preocupados porque sus hijos se dejan llevar por la ira o la frustración y no saben cómo conseguir que aprendan a redirigir este tipo de situaciones. Para eso, antes hay que prestar atención a lo que yo pienso que son los pilares para una buena educación emocional.

Sabemos que las emociones son sentimientos acompañados de una reacción física, que surgen como respuesta a diferentes estímulos; esta es la teoría, pero la práctica demuestra que para que los niños puedan gestionar sus emociones debemos hacerlo nosotros los adultos, primero.

Los niños aprenden de lo que les rodea.

Sabemos también que los niños que controlan sus emociones son más felices y se adaptan mejor a su entorno, por eso aceptar en nosotros mismos y en los demás cualquier tipo de emoción aunque sea negativa es básico para empezar a trabajar.

Aceptar y gestionar tus emociones hará que te sientas mejor.

¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a tu hijo o a algún amigo “no llores, todo tiene arreglo” o “los niños valientes no lloran?” o que intentaste reprimir un enfado en ti o en tu hijo. Los sentimientos son para ser sentidos.

Tanto el llanto como la ira tienen su función, así que para empezar, no estaría mal corroborar con el niño o contigo mismo que realmente estáis sintiendo el enfado o la tristeza. ¿Cómo? Dándole su espacio a la emoción y formulando por ejemplo, este tipo de frases: “Ya veo que estás muy enfadado…” o “sé que te sientes triste…”. Simplemente, respiradlo juntos, porque solo cuando una emoción se acepta, puede identificarse.

No es signo de debilidad mostrarnos tristes o enfadados.

Para identificar la emoción podemos intentar sentir dónde se coloca en el cuerpo: como un nudo en la garganta, con un temblor en las piernas, con el llanto. Cada persona siente de modo diferente cada emoción. Incluso es positivo ponerle un nombre, como si fuera un personaje y resulta beneficioso describir la situación previa que ha producido la explosión de la emoción.

Se trata, como he comentado antes, de dejarle su espacio y su tiempo. Mirar la situación subido a un árbol de manera metafórica, permite tomar cierta distancia y ayuda a bajar el nivel de estrés que genera.

Respíralo, literalmente.

Desde la distancia podrás ver la importancia real de lo que está sucediendo, porque ya le estás dando su lugar. Podrás identificar mejor las repercusiones,  y los recursos que tienes para gestionarlo irán aflorando mágica y claramente.

Saber hacerlo de forma adecuada te permitirá enfrentarte de una forma más eficaz a los retos cotidianos.

Ha llegado el momento de poder expresar lo que sientes sin atacar ni sentirte atacado. Simplemente, podrás compartir tus sentimientos. A esto lo llamamos asertividad; el hecho de poder comunicar tanto lo que nos gusta como lo que nos molesta de manera amable pero contundente, es el modo más sano de gestionar las emociones.

Gestiona Expresa Comparte Comunica Gestiona Comparte Expresa Comunica 

Por útlimo, querría compartir algunos principios de la filosofía Montessori que yo misma llevo años practicando y algo también de mi cosecha.

No olvides que lo que vas a leer a continuación está dedicado a tus hijos, a nuestros niños, a estos hombrecitos y mujercitas que merecen todo el respeto del mundo, que son tesoros que nos han sido regalados para acompañarnos y enseñarnos y sobre todo no olvides que los adultos seguimos siendo niños.

Los niños aprenden de lo que los rodea.
Si criticas mucho a un niño, él aprenderá a juzgar.
Si elogias con regularidad al niño, él aprenderá a valorar.
Si se le muestra hostilidad al niño, él aprenderá a pelear.
Si se es justo con el niño, el aprenderá a ser justo.
Si se ridiculiza al niño con frecuencia, él será una persona tímida.
Si el niño crece sintiéndose seguro, aprenderá a confiar en los demás.
Si se denigra al niño con frecuencia, se desarrollará en él un malsano sentimiento de culpa.
Si las ideas del niño son aceptadas con regularidad, él aprenderá a sentirse bien consigo mismo.
Si se es condescendiente con el niño, él aprenderá a ser paciente.
Si se alienta al niño en lo que hace, ganará seguridad en sí mismo.
Si el niño vive en una atmósfera amigable y se siente necesario, aprenderá a encontrar amor en el mundo.
No hables mal de tu niño, ni cuando está cerca ni cuando no lo está.
Concéntrate en el desarrollo de lo bueno del niño de tal manera que sencillamente no quede lugar para lo malo.
Escucha siempre a tu hijo y respóndele cuando él se acerque a ti con una pregunta o un comentario.
Respeta a tu hijo aunque haya cometido un error. Lo corregirá ahora o quizá un poco más adelante.
Muéstrate dispuesto a ayudar si tu niño busca algo, pero también mantente dispuesto a pasar desapercibido si él mismo ya ha encontrado lo que buscaba.
Ayuda al niño a asimilar lo que antes no había podido asimilar. Hazlo llenando el mundo que lo rodea de cuidado, discreción, oportuno silencio y amor.
Cuando te dirijas a tu hijo, hazlo siempre de la mejor manera.
Dale lo mejor que hay en ti.

Recuerda compartir las emociones bonitas, no las des por hecho.

www.evalopezsala.com

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