Desde la perspectiva de la psicología moderna, el hecho de que los contemplativos puedan vivir en soledad por años sin caer en la depresión, apatía o tumulto mental es asombroso. Los contemplativos son capaces de hacer esto debido a que encuentran y sostienen una fuente interna de serenidad que alivia a la mente y al cuerpo de tal forma que toda sensación de ansiedad y expectativa se evaporan. Al establecerse profundamente en la luminosa y tranquila quietud de la conciencia de sí, una fuente interna de bienestar genuino emerge y disipa toda sensación de soledad, depresión o trastorno mental.”  The Attention Revolution – Alan Wallace-

La soledad que muchas veces acompaña una etapa de tristeza puede ser una trampa de la mente sobre una falsa espiritualidad, cierto. Y podría suceder que fuera el refugio para no lidiar con el problema. Pero el falso mensaje de que debemos focalizarnos en ser-estar-parecer más felices, la creencia de que debemos escoger ser felices y pensar siempre de forma positiva, está generando una profunda confusión e incluso desasosiego en ciertas personas.

¿Por qué tengo la sensación de que este tipo de mensajes crean más frustración y más tristeza?  ¿Por qué nos alejan más de la felicidad? Es paradójico, no?

Señores: la fragilidad es bella y signo de humanidad y de conciencia. Es realmente importante aprender a ocuparse y enfrentarse con esos pensamientos y emociones que nos asaltan como armas cargadas de pólvora y desaprender esta lección puede no ser fácil, porque nos han enseñado que la fragilidad es signo de debilidad e incluso a veces, de enfermedad. Escondernos mostrando pasividad, falsa alegría o taparlas con flores de plástico nos aleja de nuestra esencia, de nuestra autenticidad, de nosotros mismos. No hay nada más precioso que la resiliencia, levantarse una y otra vez habiendo aprendido algo de la experiencia, buena o mala, para repetirlo o para hacer todo lo contrario la próxima vez. Pero ahí yace la belleza. Abrazar esas emociones, acogerlas y aceptarlas es lo que nos hace frágiles, pero no débiles ni enfermos. Entonces, en vez de cuestionarnos nuestra felicidad tan fútil y vagamente, por qué no lo planteamos distinto y nos damos la oportunidad de “conectar” con nuestra esencia triste?

¿qué es importante para mi? 

¿cuáles son mis valores fundamentales? 

¿qué estoy dejando de hacer que mi alma me pide a gritos?

Ante la expectativa de vivir focalizado en ser feliz y pensar positivo constantemente, se abre un abismo porque generalmente cuando se presenta la tristeza hay una causa. Y esto  no se nos permite, la sociedad nos obliga a estar felices durante todo el tiempo, para cumplir con los cánones del “ser”.

Hagamos una oda a la tristeza; permitamos que se presente, instale y aposente. Abracémosla y cuando haya llegado al fondo, cuando parezca que ya no puede bajar más, preguntémosle qué necesita… Es la gran oportunidad que nos damos a nosotros mismos para avanzar. Cada uno con sus tiempos, su proceso personal y su versión particular. Unos iremos más lentos, otros seremos más expeditivos y otros simplemente diferentes. Cuando escuchamos de nuestra alma lo que realmente es importante para ella, cuando ponemos el foco aquí, la felicidad se convierte en la consecuencia. Ésta es la alquimia del corazón. Así nace la resiliencia y la esencia del ser humano. Démonos permiso para estar tristes, para ir a nuestro ritmo, para estar solos si lo necesitamos y no escuchemos los consejos de nuestro alrededor. No olvidemos que estas “asesorías” vienen de otra persona, con otra pantalla, con otros filtros, con otras vivencias y otras creencias que no son las nuestras. No han andado con nuestros zapatos.

Que no te hagan creer que eres un infeliz porque no te focalizas en ser feliz.

Me gustaría por último presentaros un dato curioso sobre Saturno (Cronos), gobernador del hombre solitario y planeta que yace al límite del tiempo y de la mente en el viejo sistema astrológico. No se trata de estar en un estado o tener un temperamento melancólico-saturnino, pero está bien conocer que muchos personajes de la historia tachados de melancólicos o de estar frecuentemente en estados depresivos como Miguel Ángel o Marsilio Ficino, tenían a Saturno como gobernador de su ascendente. No olvidemos que tras la melancolía se esconde la genialidad.

“Tomemos pues la melancolía no como temperamento, sino como primer estado psicológico del proceso alquímico, equivalente al fin que se propone el procedimiento artístico: descifrar la realidad desde el interior con la imaginación creadora; situación de angustia y trabajo creativo, astrológicamente presidida por Saturno, preludio de la alegría del rescate de las tinieblas por el influjo benéfico de Júpiter.” -Vida y Arte de Alberto Durero, Madrid 1982-

¿Será señal de que realmente la melancolía es un contacto profundo con nuestra autenticidad?

www.evalopezsala.com

 

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