De pequeños nos llaman rebeldes, con déficit de atención, incluso desafiantes; más tarde de mayores, nos llaman inconformistas, idealistas, viscerales, incluso iluminados tarados con pajaritos en la cabeza.

De bebés y luego aún siendo niños, somos muy poderosos; si miras a uno de ellos, puedes sentir cómo te mira, con aquellos ojos que parecen entenderlo todo, puedes sentirte incluso intimidado por su sabiduría. ¿Crees que no te entienden, de verdad? Yo sí creo que te entienden, profundamente, porque su lenguaje no es el de las palabras; ellos se están comunicando de alma a alma, con el lenguaje del sentir, sin pantallas todavía. Poco a poco, al crecer, vamos recibiendo cierta información, cada uno distinta, cada uno del entorno al que pertenecemos familiarmente y más tarde del entorno al que nos hacen pertenecer. Nos convertimos entonces en esclavos de nuestro personaje, como dice Jodorowsky, creado en primer lugar por la familia, en segundo por la sociedad y en tercer lugar por la cultura a la que pertenecemos. Creo que aquí está el punto de inflexión: nos dejamos perder… o no. No todo depende pues de nosotros, sino de quien nos educa.

Es la adolescencia el momento en el que empiezas a darte cuenta de que algo no es como habías pensado. Empiezas a forjar tu personaje, para protegerte, para poder justificar tus respuestas, tu comportamiento, tu conducta. Empiezas a usar los recursos que has recibido de manera inconsciente porque crees que son los correctos, así te lo han enseñado. Pero quizás te das cuenta de que no son válidos para todos. Al principio crees que todo el mundo está al mismo nivel, que la verdad es una, que todos piensan como tú, que sienten como tú y ni te planteas que no sientan lo que sientes y cómo lo sientes. Per no entiendes nada…

El camino para superar estos obstáculos es conocerse muy bien. Emocionalmente tenemos unos recursos que muchas veces ignoramos porque no sabemos siquiera que existen. Hemos sido “educados” de un modo que nos marca una manera de hacer y no conocemos otra. Probablemente este modo de actuar no es propio sino inducido. Solamente podemos obtener recursos propios cuando los conocemos.

Los que hemos sido educados con este tipo de parámetros y que a pesar de ello hemos recuperado nuestra intuición primaria, la de la comunicación del sentir, los que rebuscando en nuestro interior recuperamos lo que ya teníamos y permanecía escondido o capado en algún momento, los que nos autoeducamos, los que recibimos los conocimientos para ello, éstos logramos vivir de nuevo en sintonía con nuestros principios, en el sentido más amplio de la palabra “principio” inicio, nacimiento, fundamento, origen, génesis; el tesoro más grande que nos es entregado cuando venimos al mundo, la sabiduría.

Como adultos tendemos a confundir nuestros puntos de vista con la verdad; eso es lo que se transmite y es la razón por la que nos volvemos unos desconocidos para nosotros mismos. Debemos saber que la percepción va más allá de la razón y que el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia, lo cual argumenta la teoría de que actuamos según parámetros que probablemente ni nos hemos cuestionado, simplemente son los que hemos recibido de manera inconsciente.

“Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”, Santiago Ramón y Cajal

Eva López Sala @SignOfMySoul

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