Últimamente estoy leyendo y viviendo una información que me hace pensar y mucho. Es un replanteamiento lo que me propone. A pesar de la apariencia y la impresión que pueda dar a los demás, he comprobado que tengo una mente científica. Me gusta verificarlo todo y no soy fácil de comprar o convencer si no es algo que pueda corroborar. Dada mi profesión o vocación, como a mi me gusta llamarla, es posible que algunos penséis que, como muchos otros profesionales de este sector, tan solo me esté vendiendo. No, precisamente por esta razón, porque lo hago como vocación, no pretendo que nadie me crea solamente porque digo que puedo ayudar a mejorar la salud o a re-equilibrar un estado emocional, tan solo porque formo parte de un colectivo que se hace llamar New Age, Nueva Medicina o Medicina Alternativa.

Sé que hay mucha charlatanería y me duele en el alma cuando de buenas fuentes me llegan noticias de que tal terapeuta o tal otro son una falacia. Es muy triste que se juegue con la buena fe y la necesidad y deseo de estar bien de las personas. Artículos o sentencias muchas veces donde aseguran que con esta “nueva medicina” puedes sanarte son contraproducentes para parte de este colectivo, porque lo que pretendemos probablemente la mayoría, es dar a conocer a quien le interese que hay un modo de retornar a nuestra esencia para reconocernos de nuevo. Es tan solo una manera de volver a conectar con nuestros propios valores; antiguamente la figura del cura, por ejemplo, era parte de esta toma de contacto con los valores. Nos guste o no, ir a misa era un modo de recogimiento y de silencio, una manera de entrar en contacto con nosotros mismos, parar y reposar la mente, acto bastante difícil actualmente gracias al ritmo trepidante de vida que hemos decidido llevar.

El miedo ha sido y sigue siendo una manera fácil de control. Sin embargo, no es necesario utilizarlo para recuperar la salud, ni tampoco lo es desprestigiar ninguna medicina. La fama no se gana a costa de mentir metiendo miedo en el cuerpo. La victoria consiste en poder comprobar en uno mismo que funciona. El marketing mal entendido desprestigia a los profesionales de la comunicación y también en este caso a los profesionales o vocacionales de este sector del bienestar; es verdad que el que contrata a una empresa para darse a conocer decide cómo quiere venderse, pero “vender” salud mintiendo, perjudica tanto al colectivo al que perteneces, como a las personas que recurren a ti intentando recobrar la salud que no tienen y a las personas a las que has encargado el trabajo de sacarte a la luz.

Lo importante de este post es transmitiros que hay un modo de estar bien tomando contacto con la realidad, nada más; habrá quien se sienta mejor sabiendo que está tomando un remedio homeopático, otro porque está haciendo psicoterapia o quizás tapping o acupuntura. En cualquier caso, cuando tomamos la decisión de tratarnos una enfermedad con una medicina u otra, lo que intentamos es sentirnos mejor.

No es una crisis de fe lo que tengo, es una decepción por esta invasión de gurús de la espiritualidad y la salud, que juegan con la incultura y la buena fe de algunas personas, saciando a su ego cuando lo que precisamente están inculcando es que el ego es lo que tenemos que aprender a domar para vivir en un estado de bienestar.

Lo positivo de toda esta crisis ética y moral es que no nos gusta y ahí empieza el cambio, la reacción es darnos cuenta y eso es una bonita muestra de reconocimiento y respeto hacia nosotros mismos.

Soy Eva, persona ante todo. No soy psicoterapeuta, ni siquiera terapeuta porque en la RAE no hay una definición para esta palabra, soy homeópata y soy coach según unos títulos que me han dado y que no son reconocidos o reglados como “oficiales” por el Ministerio; pero he ido adquiriendo habilidades tras 25 años de formación que ya son filosofía de vida, hayan sido placebo o no, sea comprobable empírica o teóricamente o no, igual que una psicoterapia puede funcionar o no. Ofrezco la experiencia y conocimiento personal a quien le pueda ser de ayuda y quiero compartir lo que tengo a quien lo pueda necesitar, nada más y nada menos.

A propósito de la palabra “placebo” y su acepción, quiero proponeros un link de donde he cogido este extracto que me ha parecido muy adecuado como complemento a este post:

“La pregunta que plantea Kirsch es que cuando hablamos de psicoterapias no sabemos si estamos hablando de lo mismo que cuando nombramos la palabra “placebo” en su sentido químico o si existe una contradicción in terminis, es decir si es posible discriminar ambos rótulos. La verdad es que cuando usamos la voz “placebo” nos estamos refiriendo a un producto químico inerte que tiene un efecto similar al que obtendriamos con un medicamento “de verdad”; es en la comparación que se hace entre ambos lo que define al placebo, pero no sabemos qué significaría esta palabra en psicoterapia, es decir fuera del contexto de la química donde estaría justificado hablar de un más allá del efecto placebo.”

https://pacotraver.wordpress.com/2011/04/11/¿es-la-psicoterapia-un-placebo

Eva López Sala@SignOfMySoul

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