Prefiero ser más romántica y hablar del Resurgimiento del Ave Fénix, que utilizar el término Resiliencia, porque me resulta duro al oído, poco amoroso y demasiado técnico para mis sentidos.

Ave Fénix pájaro de la mitología griega. Cuentan que cada cierto tiempo se consume por acción del fuego para luego resurgir de sus propias cenizas. Eterna, única, majestuosa; entre sus dones sus lágrimas curativas, la fuerza del renacimiento físico y espiritual, la pureza y la inmortalidad.

Forma parte del simbolismo de la alquimia, por el renacimiento a través del fuego. Al envejecer construye una pira de madera y especias para arrojarse en su interior. Los rayos del sol encienden el fuego y el pájaro aviva la llama utilizando sus alas hasta consumirse en su totalidad. Luego, un nuevo Ave Fénix nace de las cenizas dejadas por el fuego. Lo sabe. Sabe cuándo le llega la hora de morir; se prepara para ello haciendo un nido de especias y hierbas aromáticas. El Ave Fénix se quemará por completo para resurgir de sus propias cenizas.

Ella sabe de su potencial y de sus limitaciones. Afronta el reto cada día con valentía, cada oportunidad, consciente de que puede fallar en el intento. Pero no por ello desiste. Busca y usa la creatividad para transformar la experiencia en algo bello y provechoso y es capaz  porque confía en sus capacidades, las conoce como también conoce sus debilidades, las identifica a pesar de no perder de vista, cual águila, su objetivo.

Se siente segura en su vuelo, pero también sabe que una ráfaga imprevista de viento puede desviarla de su ruta porque lo conoce y en cualquier momento puede cambiar de dirección. Sabe que la temperatura del aire puede modificar su altura y sabe que el objetivo tal vez pueda esconderse tras un arbusto para despistarla.

Conoce el territorio por el que planea y ve árboles nuevos, puede que la estación haya variado el paisaje. Pero ella sigue tranquila sin perder de vista su objetivo, calculando distancias, pensando en opciones y contado con los recursos de que dispone, que no son pocos.

Ella respira, vuela dulce y tranquila en ese preciso instante, consciente de que ya lo ha hecho otras veces aunque cada ocasión es única, no se volverá a repetir.

Ella es su mejor aliada, con sus plumas, sus garras, su vista potente. El viento, el sol, la lluvia, son imprevisibles, lo sabe; pero no los intenta controlar sino bailar con ellos, se adapta con su majestuoso vuelo y se deja proteger por sus plumas. Su tenacidad la acompaña en su día a día, por eso puede seguir volando a pesar de perder algunas por el camino.

Sabe que en cualquier momento puede fallar, pero cuenta con la protección del fuego que le permitirá resurgir de sus propias cenizas.

Si algo no va bien, lo volverá a intentar.

Eva López Sala @SignOfMySoul

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