Ayer se me borró un post programado para hoy. Usaré este incidente como inspiración para esta nueva entrada. A raíz de una decisión escribí la reflexión en status Plim. La expresión viene de mi yo pequeño que solía decir “amiplím” en los momentos en que me sentía libre.
Una conversación telefónica que quizás por cuestiones de percepción de cada uno, fue a parar a un lugar al que la otra persona no esperaba, por la reacción que tuvo  y en mi caso todavía no lo sé, iba sin preparación. No sé si me equivoqué, no sé si fue consciente y no sé incluso si fui con un poco de alevosía y travesura. La cuestión es que me sentí profundamente libre, libre por no tener que pensar qué debía decirle. Porque libertad es no tener que gustar, no tener que decir lo que crees que tienes que decir, no tener que cubrir la expectativa que creemos que tenemos que cubrir porque en realidad estamos presuponiendo cuál es la expectativa del otro y hablar de expectativas del otro, ya son palabras mayores. Y dejé que dijera …
¿Cómo saber entonces si las palabras que estoy recibiendo del otro son ciertas o solamente son ciertas en su realidad? De repente click dentro de mí, inconsciente. Las palabras son ciertas, pero en la realidad de cada uno. Cada cual tiene su percepción particular de las cosas que ocurren y las palabras son verdades en su realidad, que no es la mía porque mi realidad está creada en base a la proyección que hago del mundo, éste es mi mundo y no es el del otro. Aquí, en las proyecciones es donde reside nuestro inconsciente, el que nos explica sin darnos cuenta cómo es el mundo que nos viene programado de serie, por la familia, por los ancestros, por la sociedad y por el mundo. Son como las Apps, los download están en modo “ON” en el paraíso del subconsciente, sin darnos cuenta se van descargando datos que ni vemos ni identificamos conscientemente y luego reaccionamos según nuestro sistema de creencias que es el que rige nuestra percepción del mundo. Cuando soy capaz de no pretender o esperar ser aprobada por el otro, sea cual sea la respuesta que vaya a darle, significa lo mismo que ser libre, a mi manera de entender, es como tener el ego arropadito. Aunque pensándolo mejor, el ego siempre acaba sacando la patita y sé cuándo la saca porque avisa, tenemos una relación muy estrecha y profunda, de amistad sincera. Sé que va a salir porque un pequeño temblor recorre mis piernas, se me pone un nudo en el estómago y se aceleran mis pulsaciones; es en este momento cuando me doy cuenta de que reclama mi atención. Vale, te veo. Juntos lo respiramos y lo observamos desde una posición distinta, desde arriba. Esto me da libertad.
No quiero decir que mi estado zen vaya sin ego, NO!!!! Siempre está aquí, conmigo, de hecho somos uno. Pero puedo mirarlo, darle la mano y un lugar; en ese instante soy capaz de reconocer qué cosas son mías y cuáles son del otro. Me siento libre.
En el fondo no importa, de cualquier forma puedes observarlo simplemente, sin juzgar, con mucho amor, porque quién eres tú para juzgar al otro y peor todavía… para juzgarte a ti??!! Haces lo que puedes, lo que sabes.

¿Es posible juzgar sin engañarse a uno mismo? Soy un humilde observador.

Eva López Sala @SignOfMySoul

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