Hoy he leído un artículo que me ha removido por dentro.

 –Lamento tener que comunicarles pues, que no puedo aceptar esta distinción, ya que viene dada de la mano de la principal institución del estado español responsable, a mi entender, del dramático desinterés y de la grave incompetencia en la defensa y promoción del arte y de sus creadores. Una distinción que proviene de un Ministerio de Educación, Cultura y Deportes responsable también de mantener en el olvido una parte esencial de nuestra cultura, el patrimonio musical hispánico milenario, así como de menospreciar a la inmensa mayoría de músicos que con grandes sacrificios dedican sus vidas a mantenerlo vivo.– Jordi Savall.

Este es un extracto de lo que le ha escrito el ganador del Premio Nacional de Música 2014 al Ministro de Educación, Cultura y Deportes. Me ha causado dos emociones muy intensas. Una de alegría, porque me gusta saber que hay personas que son fieles a sus principios hasta el final, valor que aprecio de manera muy importante, porque creo que esto nos acerca a la tranquilidad que tanto buscamos. La otra emoción es de tristeza, porque todavía nos queda un largo trecho para llegar a la gente a la que el poder los desvirtúa y ciega sobremanera. Pero como no hay mal que por bien no venga y soy positiva por naturaleza y por convicción, aprovecharé este acto de valentía por parte del Sr. Savall para tratar el tema del poder tal y como lo gestiona el Ministro de Educación, por poner un ejemplo…

El poder tiene una razón de ser: da seguridad, da posición, da reconocimiento, da dinero. Pero si lo interpretas mal, es un arma peligrosa. En los talleres de formación que imparto a empresas hablo del poder de la motivación desde el foco del líder y desde el foco del jefe. A mi modo de ver, el país y el gobierno no son diferentes. Es una gran empresa gestionada por varios departamentos, los cuales tienen unos representantes que se encargan cada uno de su área.

El tema es que “no todo jefe es líder, ni todo líder es jefe”. Entre algunos de los tipos de jefes -que no líderes- que existen, estamos anclados en algunos casos en el obsoleto autoritario que tiene o cree tener el poder absoluto en la toma de decisiones, da indicaciones precisas de cómo y cuándo llevar a cabo las tareas, le gusta tenerlo todo bajo control y gestiona a las personas con mano de hierro. El problema es que todo tiene su sombra, como ya he comentado con anterioridad en otro artículo y este tipo de jefe  muestra la sombra de una manera tan evidente que suele fracasar: en muchos casos este estilo de liderazgo impacta negativamente en la motivación de las personas. A corto plazo pierde credibilidad, confianza e infunde miedo. Y ya hemos topado con el miedo, que tiene un gran poder.

Hablando en términos de coaching empresarial, nos encontramos en este caso con lo que nosotros llamamos un nivel 1 de engagement con respecto al proyecto en el que está trabajando dicho líder. Un nivel 1 corresponde a un enfoque individual, por y para sí mismo y no para un equipo ¿Qué quiere decir esto? Pues que la persona al mando se delata (hay que empezar a saber leer entre lineas, empatizar con la persona que tenemos delante y captar lo que subliminalmente nos está transmitiendo con su comportamiento, esto es la Inteligencia Emocional de la que tanto hablamos)  “…quiero conseguir poder personal, jerarquía y prestigio profesional para progresar y satisfacer mis necesidades de autoestima, quiero conseguir aprecio, respeto y reconocimiento personal para satisfacer mis necesidades de pertenencia, quiero conseguir seguridad y estabilidad laboral a largo plazo para satisfacer mis necesidades de supervivencia“, pilares básicos en las necesidades del ser humano, según Maslow. Este tipo de mando suele afrontar los cambios con actitud conservadora,  emplea su talento para “mantener el pasado” en su organización, actúa como freno en los procesos de cambio cultural por su temor a perder la estabilidad, su seguridad, el aprecio de los demás, su pertenencia a sus grupos de interés, su prestigio profesional y su reputación en la organización.  ¿Tiene sentido para ti lo que estás leyendo?

En el fondo, cuando queremos imponer nuestra opinión a la fuerza, estamos mostrando nuestras debilidades más profundas. La imposición es un resorte que salta cuando nos estamos protegiendo de algo que no sabemos ni podemos controlar, por tanto, estamos reclamando fervientemente nuestras necesidades más básicas y que no tenemos cubiertas, la autoestima, la pertenencia a un grupo y la supervivencia en dicho grupo. Y no olvidemos que es aplicable a cualquier ámbito: familiar, empresarial, social, porque somos personas en todos los ámbitos ,¿no crees?

Eva López Sala @SignOfMySoul

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